VIAJE ÉPICO HACIA LA NADA

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Contaban de los viejos marinos, que sabían oler las tormentas. Hablo de aquellos de Cornualles, de San Juan de Luz, de Darmouth, de Sant Vicenç dels Horts. Contaban de los viejos marinos que antes del frío súbito, gélido, con el que se presentaba la tormenta, ellos sentían un golpe de calor. Eso es, creo yo, este Viaje Épico Hacia La Nada, el golpe de calor antes de la tormenta, pero también la tormenta misma y la carta de navegación dentro de ella. Aquí están las nubes, el cielo emponzoñado, las primeras gotas, los gritos de la tripulación, el dolor de las astillas, la furia, la derrota y la supervivencia. Si la tormenta, la gran tempestad, es la pandemia, este disco la advertía y la atraviesa a la vez.
Pero tampoco nos pongamos tan espesos, que son Love of Lesbian. Esto será un Viaje, sí, como tantos, será Épico, sí, sin dejar de ser cómico, y será Hacia la Nada, pero es que la nada siempre ha sido para ellos su punto de partida. De modo que, metáforas aparte, aquí hay un tipo que canta mejor que nunca, otros que tocan como no se les recuerda, aquí hay electrónica festiva e intempestiva, ganas de saltar y de bailar, juegos de palabras y palabras con las que jugar. Aquí hay detalles, sinceridad de nuevo, muerte y sexo, danza aérea, dudas, madrugadas, rabia acumulada, hartazgo de la realidad, de la actualidad, de la dualidad, de la situación política y poética, ética y estética. Y de ahí surge la bronca de Catalunya Bondage (que forma brutal de Columpiarse), la diversión de Crisálida o Eterna Revolución, el grito de Los Irrompibles y el susurro de Viento de Oeste o El Mundo. El timón apunta a El Sur, y en la pared de un camarote, grabado a cuchillo Sesenta Memorias Perdidas (la nostalgia siempre deja frágil, pero qué hacer cuando tu corazón está fatal de la puta cabeza…). Y más allá de los cantos de la tripulación (El Paso) está ese “¿quién soy?” que aúlla para dentro el último marinero en Cosmos, verdadero cuaderno de bitácora de este viaje que empieza con un escalofriante abrazo de despedida.
Cuentan de los viejos lobos de mar, que sabían oler las tormentas porque venían de ellas, vivían la tormenta antes de la tormenta, y ayudaban a los demás a enfrentarla. Por eso, cuando se metían a grabar les quedaba un disco con olor a tierra mojada.
Miguel Angel Hoyos (Periodista RTVE)

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